Generalidades

HABLEMOS DE DROGAS

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¿Qué son las drogas?

Son las sustancias naturales o sintéticas que cuando ingresan al cuerpo tienen la capacidad de alterar el pensamiento, las sensaciones, el comportamiento y las emociones.

Algunas drogas se consideran ilegales y otras legales como el alcohol o el tabaco. Esta consideración implica tan solo una regulación diferente de la producción y de la comercialización, pero no califica los riesgos. Todas las drogas representan un riesgo y no existe consumo alguno que sea totalmente seguro.

El riesgo resulta de la combinación de tres factores: los efectos que provoca la sustancia, la manera de utilizarla (dosis, forma de consumirla, efectos que quieren obtenerse con ella) y la vulnerabilidad del consumidor (características individuales de tipo biológico y genético, tipos de personalidad, antecedentes familiares de consumo o situaciones traumáticas vividas).

El consumo de drogas hace parte de una serie de problemas conexos, por lo tanto el trabajo preventivo se debe orientar al contexto social, cultural y económico del ser humano. Evitar que los jóvenes consuman drogas y alcohol, así como lograr que los que han experimentado no pasen a consumos problemáticos, es posible.

 

¿Cómo se inicia el consumo de drogas?

Las personas comienzan a consumir drogas por diferentes razones:

En búsqueda de placer. La mayoría de las drogas producen sensaciones intensas de placer. Esta sensación inicial de euforia va seguida por otros efectos no agradables, que cambian según el tipo de droga usada.
Por curiosidad o “porque los demás lo hacen”. Muchos adolescentes prueban las drogas por la presión de sus amigos y compañeros, para sentirse parte del grupo y por experimentar nuevas sensaciones.
Para rendir mejor. El deseo de algunas personas de mejorar su rendimiento laboral, deportivo o académico las lleva a experimentar con drogas que potencien su capacidad.
Para sentirse mejor. Ciertas personas que sufren de ansiedad, estrés o depresión, comienzan a usar drogas en un intento de disminuir los sentimientos de angustia.

Actualmente muchos adolescentes experimentan con las drogas. Ésta es una etapa de la vida en la que su organismo, especialmente el cerebro, está en pleno proceso de maduración. No todos responden de igual forma ante el consumo de drogas. Algunos no pasarán de la experimentación, pero otros consumirán de forma regular pudiendo llegar a la adicción, con los graves problemas de toda índole que esto conlleva.

No todos los que usan drogas son adictos pero todo uso implica riesgos para la salud, el comportamiento y las relaciones con las otras personas.

 

Tipos de consumo

Consumos experimentales. Se dan cuando hay un contacto inicial con una o varias drogas, que puede dejarse o repetirse. La adolescencia es la etapa en la que más se experimenta, sin embargo un alto porcentaje no pasa de ahí. La mayoría de los jóvenes desconocen los efectos de la sustancia y la consumen por invitación de otros.
Consumos ocasionales. Corresponden al uso intermitente de la sustancia, sin ninguna regularidad y con largos periodos en los que no se consume. La persona es capaz de llevar a cabo las mismas actividades sin necesidad de usar droga alguna.
Consumos habituales. Supone un uso frecuente de la droga. Esta práctica puede conducir a la adicción, dependiendo de la sustancia, la frecuencia de consumo, las características de la persona, el entorno que le rodea, etc. Generalmente, el consumidor habitual aumenta las ocasiones en las que recurre a las drogas, las usa tanto en grupo como de manera individual y sus efectos son conocidos y buscados por el usuario.
Consumos compulsivos, dependencias o adicciones. La dependencia consiste en el uso compulsivo de una sustancia a pesar de las consecuencias negativas que conlleva, las cuales pueden ser severas. La persona necesita la sustancia y toda su vida gira en torno a ésta.

En cualquier caso, debe tenerse en cuenta que no existe ninguna forma de consumo segura, que no suponga riesgos. Los riesgos dependen de las sustancias y sus características, del individuo (personalidad, edad, problemática personal, estado de salud…) y del ambiente en el que se consuma (momento, lugar, compañía…)

 

Las drogas más consumidas

El cigarrillo o tabaco es un estimulante del sistema nervioso central. Uno de sus componentes, la nicotina, posee una enorme capacidad adictiva. Durante la combustión del tabaco se originan más de 4.000 elementos tóxicos diferentes.

Efectos más comunes:

El humo del tabaco aumenta el riesgo de desarrollar cáncer, enfisema pulmonar, bronquitis aguda y enfermedades del corazón.
Respirar el humo causa cáncer de pulmón en los adultos y enfermedades respiratorias en los niños.
Las embarazadas que fuman pueden tener un aborto espontáneo o que sus bebés nazcan con bajo peso.
Genera manchas amarillentas en uñas, dedos y dientes, así como arrugas prematuras, caries dentales e infecciones.
Provoca mal aliento y mal olor corporal

Las bebidas alcohólicas como el aguardiente, el whiskey, la cerveza, el vodka, el ron, entre otros se consideran drogas porque actúan como depresores del sistema nervioso central que impiden progresivamente las funciones cerebrales, cambian el comportamiento y generan dependencia.
El consumo nocivo de alcohol conlleva una pesada carga social y económica para los estados y las comunidades.

Efectos más comunes:

Los efectos del alcohol están determinados por la cantidad de alcohol ingerido, los hábitos de consumo y, en algunas ocasiones, la calidad del alcohol.
Afecta la capacidad de autocontrol, produciendo inicialmente placidez y ganas de socializar, por lo que puede confundirse con un estimulante.
El consumo de alcohol causa más de 200 enfermedades y trastornos.
El consumo abusivo de alcohol puede perjudicar a otras personas, como familiares, amigos, compañeros de trabajo y desconocidos.

El alcohol es la droga más consumida culturalmente y la que más problemas sociales y de salud genera (accidentes de tránsito, violencia, maltrato, enfermedades).


TOLERANCIA CERO “0”

Existen situaciones en las que no se debe consumir nada de alcohol

Menores de 18 años: Beber alcohol mientras el organismo todavía se encuentra madurando es especialmente nocivo. Cerebro, hígado y páncreas son muy vulnerables a los efectos del alcohol y durante su desarrollo pueden resultar gravemente afectados. También aumenta el riesgo de alcoholismo y/o el abuso en la edad adulta.
Durante el embarazo o período de lactancia: Supone un riesgo para el feto, ya que el alcohol atraviesa la placenta que le protege durante su desarrollo. En lactantes, el alcohol llega a través de la leche materna.
Cuando la persona está usando determinados medicamentos, porque modifica su efecto o aumenta la toxicidad.
Mientras se maneja carro, moto, bicicleta o maquinaria.
Mientras se trabaja o estudia.

La marihuana es la sustancia de origen natural más usada. Se obtiene de la trituración de flores, hojas y tallos secos de la cannabis sativa. Esta droga deteriora la memoria y afecta el aprendizaje, la habilidad para concentrarse y la coordinación motora. El ingrediente químico de la planta de marihuana que provoca las alteraciones es conocido como “THC”. La cantidad de THC puede variar. Al aumentar el THC los efectos de la droga se incrementan así como el daño y los riesgos.

Efectos más comunes:

Tras su consumo la marihuana produce relajación, somnolencia y sensación de lentitud en el paso del tiempo. Otros síntomas son físicos como el enrojecimiento de los ojos, aumento del ritmo cardiaco y de la tensión arterial y sequedad de boca. Modifica la percepción y dificulta la coordinación motora.
A largo plazo el uso continuado de marihuana ocasiona problemas de memoria, aprendizaje, concentración y bajo rendimiento académico, lo cual puede producir abandono de los estudios. Genera dependencia, provoca daño en los pulmones y, en algunas personas, puede causar psicosis.

La cocaína es un potente estimulante del sistema nervioso central y una de las drogas más adictivas y peligrosas. Se obtiene del procesamiento químico de las hojas del arbusto de coca. Hay diferentes formas de consumir cocaína: aspirada por la nariz, fumada e inyectada. Estas formas de consumo producen efectos más rápidos e intensos que la hoja mascada y por tanto aumentan el riesgo de desarrollar adicción y dependencia.

Efectos más comunes:

Tras el consumo de cocaína se siente excitación general y crece el nivel de actividad de la persona. Genera cambios emocionales variados que pueden llegar a provocar crisis de ansiedad u otras alteraciones. Aunque aumenta inicialmente la capacidad de atención que permite un aparente mayor rendimiento intelectual, este efecto es pasajero.
A largo plazo produce daños en el corazón y el cerebro. Genera alteraciones del estado de ánimo como cambios bruscos de humor, depresión, irritabilidad, ansiedad, agresividad, y alteraciones mentales como paranoia, alucinaciones y psicosis. Además provoca insomnio, impotencia e infertilidad.

 

Algunos mitos y realidades sobre las drogas

La sociedad genera una serie de mitos y creencias con relación a las drogas. Unos son ciertos, otros no. Aquí se presentan algunos de estos mitos y las realidades comprobadas científicamente.

Mitos Realidades
Fumar un cigarrillo relaja y alivia el estrés. El tabaco no tiene propiedades relajantes ya que por el contrario es un estimulante. La aparente sensación de “alivio” que sienten los fumadores habituales al consumir se debe a la necesidad que ya tiene el cerebro de nicotina.
Beber alcohol sólo los fines de semana no produce daños. El daño que provoca el alcohol depende de la cantidad que se consuma (a mayor cantidad, mayor daño) y de la intensidad (la misma cantidad de trago en menos tiempo es más dañina). También existe el riesgo de convertirse en un hábito, hasta el punto de no divertirse sin beber.
El alcohol facilita las relaciones sexuales. El consumo abusivo muchas veces dificulta o incluso impide relaciones sexuales plenas, provocando impotencia y otras disfunciones asociadas.
Si se toma café, se pasa la borrachera. El café no ayuda al bebedor a desintoxicarse, es preciso esperar que el cuerpo elimine el alcohol poco a poco.
El que más aguanta el alcohol es porque es más fuerte. No existe relación alguna entre fortaleza o virilidad y “aguantar” un mayor consumo de alcohol. Si se aguanta mucho puede ser porque el organismo ha desarrollado tolerancia al alcohol y eso no significa que haga menos daño, sino que hay más riesgo de convertirse en dependiente.
La marihuana es un producto inofensivo para la salud, ya que es natural. Producto natural y producto inofensivo no son sinónimos. El tabaco y el opio también son naturales y tienen muchos riesgos.
El consumo de marihuana puede controlarse ya que no produce adicción. Existen estudios científicos que demuestran que el uso continuado de marihuana puede producir adicción, especialmente cuando se consume en la adolescencia.
Fumar marihuana resulta menos perjudicial que fumar tabaco. El cannabis contiene muchos de los elementos cancerígenos del tabaco y en mayor cantidad (un 50% más). Además, la forma de consumir marihuana (fumada, sin filtro y con aspiraciones profundas) aumenta los riesgos de padecer cáncer.
Las relaciones sexuales bajo los efectos de la cocaína son más satisfactorias. El consumo habitual de cocaína disminuye el deseo sexual y ocasiona problemas de erección y eyaculación en los hombres, pudiendo llegar a producir impotencia e infertilidad.
No pasa nada si sólo se consume cocaína los fines de semana. Consumir todos los fines de semana supone consumir más de 100 días al año, sin contar los periodos de vacaciones, lo que implica un riesgo evidente. Por otro lado, hay que tener en cuenta que los efectos del fin de semana se prolongan a los días siguientes.
El éxtasis tiene efecto afrodisíaco. Aunque en un primer momento pueden utilizarse para mejorar las relaciones sexuales, la realidad es que el éxtasis dificulta el orgasmo y, en los hombres, incrementan el riesgo de impotencia.

 

Señales de alerta
¿Cómo puedo saber si mi hijo consume drogas?

Algunos padres de familia piensan que su hijo jamás probaría las drogas. Pueden estar equivocados. Las drogas están a la vuelta de la esquina, en el colegio, en la universidad, en el trabajo, en el barrio, hasta en la casa. Muchas personas pueden ofrecerles drogas y convencerlos que no les harán daño.  La buena noticia es que si los padres se dan cuenta a tiempo de que su hijo consume drogas, pueden ayudarle. A continuación se presentan las señales emocionales, sociales y físicas con las cuales se puede identificar si un hijo consume drogas. Pero ojo, no se debe dar por hecho tan rápidamente, pues podría haber otras razones por las cuales los hijos se comportan de manera inusual. Es importante analizar bien y siempre estar dispuesto a escuchar.

Señales comunes:

Variaciones del humor: Mal genio, excitación, ira, agresividad, depresión, pérdida de motivación y falta de interés en la vida cotidiana.
Nuevos comportamientos: Mentir constantemente, guardar secretos sobre las llamadas o mensajes, contestar con evasivas cuando se le pregunta dónde ha estado, faltar a clases, tener un aspecto descuidado y poca higiene, dormir en horarios irregulares, negar los efectos dañinos del alcohol y las drogas y hasta robar o vender sus cosas.
Cambio de amigos: Evitar a viejos amigos o a personas que podrían juzgarlo. Tener amigos que no quiere que los padres conozcan o de los que no quiere hablar.
Alteraciones físicas: Ojos enrojecidos, pupilas dilatadas, ojeras, temblores, pérdida o aumento del apetito, somnolencia, movimientos descoordinados, dificultades para hablar, pérdida de peso o frecuentes resfriados y tos.

 

¿Qué puedo hacer para apoyar a las personas afectadas por el consumo de alcohol y otras drogas?

Cuando se piensa en las consecuencias que ha generado el consumo de alcohol y otras drogas en las personas, su grupo familiar y su entorno, se experimentan sentimientos encontrados: enojo, miedo, tristeza, angustia, impotencia, desesperación, entre otros. Sin embargo, se puede hacer algo al respecto para sentirse mejor y contribuir a cambiar la situación.

Consejos prácticos:

– Manifieste su amor y disposición a ayudar.
– Evite el estigma y la discriminación. El rechazo y el señalamiento solo agravan el problema. Se trata de seres humanos que sufren y necesitan ayuda.
– Intente enfocarse en el “aquí y el ahora”. Lo sucedido en el pasado no debe ser un obstáculo para actuar ahora, apoyar el tratamiento y buscar continuar con el proyecto de vida.
– Las personas cercanas no son responsables del consumo de drogas del amigo o familiar. No tiene caso buscar culpables. Las energías deben orientarse a buscar alternativas para enfrentar mejor la situación.
– Busque asesoría de profesionales especializados en el tema, acompañe el tratamiento y reconozca los avances de la persona afectada por el consumo.
– En cuanto al proceso de tratamiento, no espere cambios de la noche a la mañana. No hay que desanimarse si la persona afectada tiene una recaída y vuelve a beber o a consumir drogas. Se debe analizar la situación y aprender de esta experiencia para retomar el camino.
– Mantenerse informado y dejar de lado las creencias, los mitos y las ideas erróneas acerca del consumo de alcohol y drogas ayudará a tomar mejores decisiones.
– Solicite el apoyo de otras personas. Aunque es difícil hablar sobre el tema, dialogar ayuda a sentir alivio, clarifica la situación, fortalece las intenciones y abre oportunidades.
– Vincule a otros familiares, a los amigos, la comunidad, las instituciones públicas, privadas y sociales (centros de salud, centros comunitarios, escuelas, iglesias). Conformar redes de apoyo es clave para la inclusión social de la persona afectada por el consumo.

 

Para tener en cuenta:

No se debe tener miedo al tema de las drogas. Por el contrario, es mejor hablarlo abiertamente con los hijos. Las decisiones acertadas respecto a las drogas se toman a partir de la información confiable y del análisis de los riesgos y daños.

 

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