Por qué invertir en el tratamiento del abuso de drogas: Documento de debate para la formulación de políticas

La toxicomanía genera problemas sociales graves, generalizados y costosos. Independientemente de que el abuso de sustancias sea un pecado, un delito, una mala costumbre o una enfermedad, la sociedad tiene derecho a esperar que una política pública o un planteamiento eficaz para abordar el “problema del abuso de drogas” sirva para disminuir la delincuencia, el desempleo, la disfunción de las familias y el uso desproporcionado de servicios de atención médica causados por las drogas.

La ciencia ha hecho grandes progresos en los últimos años, pero todavía no se pueden explicar totalmente los procesos fisiológicos y psicológicos que transforman el “uso” voluntario controlado del alcohol o de otras drogas en una “dependencia” involuntaria incontrolada de esas sustancias para la cual todavía no existe cura. Lo que se puede hacer es tratar ese fenómeno “eficazmente” y ofrecer beneficios tangibles a cambio de la inversión que haga la sociedad en tratamiento.

Los ensayos clínicos controlados y los estudios de campo a gran escala han demostrado mejorías significativas a nivel estadístico y clínico en lo que respecta al consumo de drogas y a los problemas sanitarios y sociales conexos de las personas tratadas. Además, esa mejoría se traduce en reducciones sustanciales de los problemas sociales y de los costos para la sociedad.

En el presente documento se compara la eficacia de diversas formas de tratamiento con otras opciones que no conllevan tratamiento –como la ausencia total de tratamiento– y con intervenciones de la justicia penal. En cada uno de los casos, los resultados de las investigaciones parecen indicar que es más eficaz administrar tratamiento que no hacerlo.

Las principales etapas del tratamiento del abuso de sustancias son la desintoxicación/estabilización, la rehabilitación y la atención continuada. En la bibliografía científica se establecen los componentes eficaces de los tratamientos, y la duración del tratamiento es la variable independiente que indica más claramente los efectos beneficiosos de éste.

Por lo general, las modalidades de tratamiento que tienen una mayor duración recomendada obtienen mejores resultados, del mismo modo que los pacientes que continúan en tratamiento durante más tiempo, independientemente de la modalidad de éste.

Los trabajos de investigación han demostrado de forma concluyente que, para los que padecen graves formas de dependencia, los mejores tratamientos de que se dispone:

  • Son tratamientos continuados como los de otras dolencias crónicas;
  • Son capaces de abordar los múltiples problemas que constituyen un riesgo para la recaída, como son los síntomas físicos y psíquicos y la inestabilidad social;
  • Están bien integrados en la sociedad para permitir fácil acceso a efectos de seguimiento y prevención de recaídas.

Un aspecto importante que revelan las investigaciones es que, si bien la motivación para someterse a un tratamiento desempeña un papel fundamental en cuanto a la participación sostenida en el mismo, la mayoría de los pacientes que hacen abuso de sustancias se someten al tratamiento como resultado de una combinación de factores de motivación interna y presiones familiares, laborales o judiciales. Esas presiones pueden combinarse con el tratamiento en beneficio del paciente y de la sociedad.

Los resultados de las investigaciones son convincentes en cuanto a que, en el estado actual de los conocimientos, es mejor considerar la adicción un trastorno crónico recurrente.

Es cierto que no todos los casos de adicción son crónicos y que algunas personas a las que se podría diagnosticar dependencia de sustancias logran recuperarse completamente sin tratamiento. Sin embargo, muchas de las personas que padecen problemas de adicción tienen múltiples recaídas después del tratamiento y se piensa que siguen estando propensas a recaídas durante años o quizás durante toda la vida. Como muchas otras enfermedades, es imposible predecir si y en qué plazo una estrategia de cuidados intensivos puede dar lugar a la remisión completa. Por ejemplo, en el caso de la hipertensión, si bien los cambios en la dieta, el ejercicio y el estilo de vida pueden reducirla en algunos pacientes sin medicación ni tratamiento continuado, muchos otros necesitan una asistencia continuada con medicación, además de una evaluación periódica de la dieta, el estrés y el ejercicio.

Si la adicción se considera un trastorno crónico, ya no resulta sorprendente que ni la encarcelación ni un breve período de estabilización resulten eficaces.

Los resultados de las investigaciones son bastante categóricos en lo tocante a los siguientes aspectos:

  • La educación no corrige la toxicomanía; no se trata simplemente de un problema de falta de conocimientos.
  • Las consecuencias del consumo de alcohol y drogas (por ejemplo, la resaca, la pérdida del trabajo o la detención) parecen ser estímulos importantes para someterse al tratamiento.
  • Muy pocos adictos logran beneficiarse de un planteamiento de tipo correctivo por sí solo. En todas las formas de intervención de la justicia penal se registran tasas de recaída de más del 70%.
  • En el caso de la adicción, no se trata simplemente de que la persona se estabilice y elimine las drogas del organismo. Las tasas de recaída después de los tratamientos de desintoxicación son aproximadamente las mismas que después del encarcelamiento.

Así pues, se llega a la conclusión de que el mejor tratamiento para el abuso de drogas es una combinación de terapia ambulatoria, medicación y seguimiento continuados con objeto de obtener los máximos beneficios posibles y mantenerlos.

 

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